
Una imagen, una historia...
¿Te animás a contarla?
érase una vez un/a...
¿Caperucita, estás?
Estoy jugando con mi amigo y sus globos...
Estoy jugando con mi amigo y sus globos...

“No te creo, vete. Vete o llamo a mi papá”
– dijo el niño con voz asustada pero decidida. “Comprendo, y no pretendía que
lo hicieras” – dijo con un leve resoplido y un tono que reflejaba la sinceridad
de sus palabras. “Pero prométeme que le dirás mi mensaje a tu padre” y antes de
que el niño pudiese pronunciar una palabra, el anciano hombre se levantó y
acomodó su abrigo.
“Hubiese sido tan feliz, si hubiera podido
conocerte bajo otras circunstancias, pero quiero que sepas que te amo, y te
esperare hasta reencontrarnos, al igual que a tu padre” – y sin más que decir
se dirigió hacia la pared y la atravesó, el niño se levantó de su cama con la
cara pálida y fue hasta la ventana a
paso lento, vio como el hombre que acababa de hablar con él, se internaba en el
gran y obscuro bosque hasta desaparecer por entre los pinos y algarrobos. En
ese mismo momento, Gabriel entendió con quien acababa de hablar, una tormenta
de sensaciones invadieron su mente, una extraña alegría y un miedo inexpicable.
El niño se tornó más pálido y quedó petrificado, una sensación
horrible viajó por todo su cuerpo y ahogó un grito fuerte. Las luces de la casa
se prendieron de inmediato, se oyeron los pasos rápidos de su padre. “¡Gabriel!
¿Qué te ha pasado? ¿Por qué has gritado?”
Gabriel lo miró a los ojos, llorando y
tragando saliva dijo “Él dice que nos ama… y… y”. “¿Quién dice eso? ¿Y qué? –
preguntó su padre agarrándolo de los hombros y agitándolo. “Dice que no fue tu
culpa ese día, que a cualquiera le hubiera pasado… que… que no te sientas más culpable”
La cara del padre se tornó pálida también,
al escuchar las palabras de su hijo, y una sensación de frio en el ambiente lo
sacudió, su corazón se aceleró y sintió la horrible sensación de saber de quien
hablaba su hijo. “¿Quién… quié… quién te dijo tal cosa?”. “El abuelo me dijo
eso, papá, él estuvo aquí justo hace un momento. Papá ha sido asombroso, nunca
lo había conocido antes, era alto, con barba larga y gris… y cuando se marchó,
se dirigió al bosque…”
De repente, aun con su hijo relatando lo
sucedido, se levantó del suelo y dijo “Vete a dormir Gabriel, mañana tienes
escuela”. Protestando el niño obedeció, fue a su cama, y hablaba en voz alta
tratando de recrear lo sucedido en su mente. Su padrel sin prestar atención a
su hijo, cerró la puerta de la habitación, y sacó su abrigo de piel, abrió la
puerta de entrada, y se internó en el gran y oscuro bosque.
N.A.
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