miércoles, 17 de abril de 2013

Imágenes de María Wernicke


    









Una imagen, una historia...



¿Te animás a contarla?


érase una vez un/a...


 

¿Caperucita, estás?
Estoy jugando con mi amigo y sus globos...



“No te creo, vete. Vete o llamo a mi papá” – dijo el niño con voz asustada pero decidida. “Comprendo, y no pretendía que lo hicieras” – dijo con un leve resoplido y un tono que reflejaba la sinceridad de sus palabras. “Pero prométeme que le dirás mi mensaje a tu padre” y antes de que el niño pudiese pronunciar una palabra, el anciano hombre se levantó y acomodó su abrigo. 
“Hubiese sido tan feliz, si hubiera podido conocerte bajo otras circunstancias, pero quiero que sepas que te amo, y te esperare hasta reencontrarnos, al igual que a tu padre” – y sin más que decir se dirigió hacia la pared y la atravesó, el niño se levantó de su cama con la cara pálida  y fue hasta la ventana a paso lento, vio como el hombre que acababa de hablar con él, se internaba en el gran y obscuro bosque hasta desaparecer por entre los pinos y algarrobos. En ese mismo momento, Gabriel entendió con quien acababa de hablar, una tormenta de sensaciones invadieron su mente, una extraña alegría y un miedo inexpicable.
El niño se tornó más  pálido y quedó petrificado, una sensación horrible viajó por todo su cuerpo y ahogó un grito fuerte. Las luces de la casa se prendieron de inmediato, se oyeron los pasos rápidos de su padre. “¡Gabriel! ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué has gritado?”
Gabriel lo miró a los ojos, llorando y tragando saliva dijo “Él dice que nos ama… y… y”. “¿Quién dice eso? ¿Y qué? – preguntó su padre agarrándolo de los hombros y agitándolo. “Dice que no fue tu culpa ese día, que a cualquiera le hubiera pasado… que…  que no te sientas más culpable”
La cara del padre se tornó pálida también, al escuchar las palabras de su hijo, y una sensación de frio en el ambiente lo sacudió, su corazón se aceleró y sintió la horrible sensación de saber de quien hablaba su hijo. “¿Quién… quié… quién te dijo tal cosa?”. “El abuelo me dijo eso, papá, él estuvo aquí justo hace un momento. Papá ha sido asombroso, nunca lo había conocido antes, era alto, con barba larga y gris… y cuando se marchó, se dirigió al bosque…”
De repente, aun con su hijo relatando lo sucedido, se levantó del suelo y dijo “Vete a dormir Gabriel, mañana tienes escuela”. Protestando el niño obedeció, fue a su cama, y hablaba en voz alta tratando de recrear lo sucedido en su mente. Su padrel sin prestar atención a su hijo, cerró la puerta de la habitación, y sacó su abrigo de piel, abrió la puerta de entrada, y se internó en el gran y oscuro bosque.

N.A.


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